El nombre de las cosas: Cerro de Miranda

 


Cerro de Miranda.

Hace unos días Víctor Tana preguntó en el grupo de WhatsApp “la quema de Jerte” cómo se llamaba el cerro donde se escondió la imagen del cristo del Amparo cuando la llegada de los soldados napoleónicos. Después de las aportaciones de varias personas (Juanjo, Pedro, Tere, Mari…), determinaron que era el “Cerrito”. La “cueva del Cerrito”. Y más en concreto “Cerrito de Miranda”. Incluso Pedro aportó la foto de una publicación de 1931 en que se nombraba como tal, en un novenario escrito por D. Ramón Pérez Crespo. Yo desconocía esa denominación, aunque había visto en algún documento referencias a ese pago de terreno.

Puestos a buscar y para conocer a qué se podría deber ese topónimo, encontré una escritura de venta de un pequeño castañar en el “cerro de Miranda”. Es del 7 de febrero de 1811, poco después del incendio del pueblo. Se supone que para obtener dinero líquido para la reconstrucción de alguna casa. Lo vende Pedro Durán por un valor de 240 reales junto con otro pedazo de castañar a las “Suertes”, a Rafael Cepeda.

Pero ¿de dónde venía este nombre?

El concepto de cerro en este caso es muy particular. No es exactamente, o puede no ser un cerro propiamente dicho. Cualquier promontorio que nos encontramos, partiendo de una zona más llana, le llamamos cerro. Aunque al subir simplemente hayamos llegado a un descanso o collado. En algunos de estos promontorios aún quedan canchales que hacen más abrupta la caída hacia la parte inferior, colmatando y rellenando la parte superior y formando un “talanto”. Es evidente que, desde la zona de Huerta Cabeza o de los Linares, para acceder al nivel siguiente de altitud, se asemeja a un escalón, de ahí que el Cerro de Miranda justo por cima de Huerta Cabeza recibiera esa denominación. Y cuando subes por el camino de Arroyo Marcos, una vez pasado el roble de Nilla, se llega a una zona más talantosa, con gavias más anchas y paredes más bajas. La explicación geológica entre la zona inferior, la subida y la superior es una combinación de la estructura interna granítica (modelado germánico) y la acción erosiva fluvial del río y la garganta de los Papuos. Justo frente a la covacha o abrigo que forman unos canchales en saledizo, frecuentes a lo largo del valle, la terraza aluvial del río, con el arrastre de la garganta ha formado esas huertas sobre rolleras, bastante llanas que se van escalonando a lo largo de la cuenca del río. Visto así, desde abajo, sí parece un cerrito, más con la arboleda natural que tendría antiguamente.

Tenemos la ubicación del lugar, ¿pero el nombre de Miranda?

Podríamos tener la tentación de pensar que procede de mirar. Pero me inclino a creer que se trataría del apellido de alguien que poseyera en su momento parte de esa zona.

Ya en las ordenanzas de Xerete, en 1564, se documenta de un vecino, Diego Sánchez de Miranda, que está presente en el primer concejo. Al estar anotado de los primeros, antes del procurador del común, indica posiblemente un personaje local destacado. O al menos alguien para tener en cuenta en las decisiones municipales y que se reflejara en el acta.

A pesar de todas las limitaciones de los libros parroquiales, por los problemas de conservación, sí disponemos de datos de personas apellidadas Miranda en Jerte, seguramente descendientes del citado Diego. Al menos desde inicios del XVII. El 1 de mayo de 1602 se bautiza un niño, Pedro, hijo de Domingo Sánchez de Miranda y Juana de Frías.

El apellido de la madre es único en los listados de jerteños. El del padre irá evolucionando a través de sus hijos e hijas. Pero resultan escasos, y para distinguirlos de otros Sánchez, termina quedando la forma “de Miranda” o “Miranda”.

Si seguimos el rastro de esa familia los encontramos en varios documentos. Desde el testamento de Catalina Ximénez[1] en 1612, al libro de casados, cuando en 1642 se casa el anteriormente citado Pedro, viudo de Lorencia Chorrilla, con Catalina de la Cruz. También en los confirmados en 1644 se encuentran hijas de Pedro y su primera mujer Lorencia.

Vuelven a aparecer en otras generaciones hacia el 1680, pero con pocos miembros familiares, aunque incluso con el apellido del padre Francisco Miranda. Ya completamente desaparecido Sánchez.

El último paso, alrededor del 1720 al 1736, es cuando el matrimonio formado por Leonardo Casas y Ana González tienen a cinco de sus hijos, nadie podría sospechar que son herederos directos del apellido Miranda, excepto que en una de las niñas lo especifica: Leonardo Casas de Miranda. Al pasar a segundo plano el apellido y al emparentar con otros de mayor prestigio termina desapareciendo.  Quedando reflejado en la toponimia jerteña su paso por esta localidad.

En los libros parroquiales parece que sólo hay dos referencias más a Miranda, pero como lugar de procedencia, Miranda del Castañar. María Hernández, criada del capellán y soltera, natural de Casas del Conde, de Miranda, en 1742. Y un pobre soltero que muere en el hospital del pueblo y es enterrado en la parroquia, ya en 1799, también de otra pedanía de esa localidad.

Es muy probable que alguno de esos descendientes de Domingo Sánchez de Miranda fuera el propietario de las fincas que hay encima del Cerrito, dando con el tiempo, nombre al mismo: Cerro o Cerrito de Miranda.

O incluso que se llamara así desde antes.

El 25 de noviembre de 1644 Luís Sánchez recibe de Baltasar García como mayordomo de la Demanda de Ánimas del Purgatorio 10.000 maravedíes en moneda de “quartos de vellón” comprometiéndose a pagar 500 maravedíes cada año, hasta que redima el censo. Como aval, Luis hipoteca una heredad de castaños al pago de “Miranda”. Todo hace pensar que se trata de la misma zona de la que estamos hablando.

Y para más concreción, en otro censo donde se ponen por aval fincas para responder de la entrega que hace el licenciado Francisco Beato presbítero de 1.000 reales (34.000 maravedíes castellanos) que recibieron el licenciado Francisco García y Diego García, hermanos, éstos hipotecan entre otras propiedades una heredad que era de Diego. Está en el dezmatorio de Xerete y al pago del “llanillo de Miranda”. Justo encima del cerro del que hablamos. Para más indicación, cuando se deslinda se lee: “linde con castañar de los herederos de Martín Carrión y arroyo que baja de las Parraleas y castañar reboldano y realengo”. La escritura está consignada el 31 de enero de 1682.

Como curiosidad, el cura que sucedió a Félix Caleya se llamaba Bruno Sánchez Miranda (los mismos apellidos que venimos manejando), y llega al pueblo hacia 1814.

Lo del apellido es sólo una hipótesis. Pero en esa línea se pueden interpretar también otros topónimos con nombres propios y apellidos: Juanzarza (Juan Zarza), Juangarrio (Juan Garrido), Majaelvira (Majada de Elvira), Mingoandreses (Domingo Andrés) … que han perdurado hasta nosotros.

Concluyendo. El topónimo era Cerro o Cerrito de Miranda. Y Llanillo de Miranda la zona superior del cerrito. Y ya, desde muy antiguo, por lo menos casi 400 años, ya se le conocía por ese nombre. Aunque para acortar, y con el tiempo, le llaman el Cerrito.

 



[1] “Manda a Domingo Miranda:

Ítem, mando a Domingo Sánchez de Miranda, vecino de este lugar, una huertecita que yo tengo a la Piedra Horacada, que linda con él de la portera para arriba, que tiene cinco castaños, los cuatro injertos y el uno reboldano, que linda con el dicho Domingo Sánchez y con prado de Diego Carrión”

Comentarios

Entradas populares de este blog

Apellidos.

Ermita del Humilladero o del Cristo del Amparo

Toponimia de Jerte. Listado y fechas