Apellidos.
Problemática. Búsqueda.
Uno de los hilos conductores que me llevaron a sumergirme en los documentos antiguos que hablaban de Jerte era, siempre lo he dicho, la machacona idea que de niño nos metieron en la cabeza que se había quemado todo en 1809. Era como una orfandad histórica que acarreamos por mucho tiempo.
Otro de esos hilos invisibles, pero sólidos, eran los apellidos.
De niño cada vez que entraba con algún amigo en casa de mi abuela Tere, te
establecía un parentesco. Al fin y al cabo, en el pueblo, si tiramos pocas
generaciones atrás, empezamos a encontrar congéneres comunes. Algunas veces, en
plan guasa, cuando me preguntaban el nombre y los apellidos, decía: Marcelino
García López Blanco Barbero Cepeda Gallego Méndez Cobos. Pero de niño llegaba a
ensartar los ocho siguientes: Sánchez Gómez García Sánchez Gallego Núñez
Gallego Pérez.
Pero el desencadenante quizá fueran las historias que se
contaban en casa de mi suegra Luisa Bravo Pinar. Historias que pasaron de la
mano de su línea materna. Puro ADN mitocondrial. Han mantenido canciones a lo
largo de seis generaciones que hablan de Asturias. Contaban hechos empleando
expresiones como si hubieran estado allí presentes, en una época lejana, de
fechas desconocidas e imposible de contrastar. Indicios transmitidos de
generación en generación. Y siempre con la incertidumbre de ese origen. La
ignorancia de la procedencia. Algo de la Ribera, de una superficie de agua
grande o peligrosa que requería de barcas para pasar. Dos varones trayendo a
Jerte a una niña aún en mantillas.
Con estos ingredientes la tarea consistió, y por eso la
pongo aquí, para que conozca cada uno la búsqueda de su genealogía familiar,
en hacer un cuadrante sencillo de árbol. Empezar por padres y abuelos. Y si era
posible bisabuelos. Todos los datos que se pudieran aportar eran bienvenidos:
fechas, parientes, dónde vivían, oficios…
Un paso fundamental está en los libros del juzgado
municipal. Podemos buscar a nuestros abuelos. Y como estos libros de
registro se generalizaron desde 1872 o 1873, ahí deben andar, si no han venido
a Jerte con posterioridad. En esas fechas te puedes encontrar las partidas
literales, en las que se indican los padres y abuelos de cada persona. Y ya
estamos hablando de un gran salto en el tiempo. Para una persona que naciera en
1880, sus padres nacerían entre 1860 y 1840 aproximadamente, y sus abuelos en
una horquilla anterior. Perfectamente hacia 1820 o 1830. Además, estos datos
suelen ser muy consistentes, con fechas, edades, oficios e incluso domicilios.
En los libros de defunciones podemos completar los datos con su situación en
ese momento: soltero, casado o viudo; hijos o descendencia; causa de la muerte,
etc.
(Imagen de la partida de defunción de Lino García López, mi tatarabuelo paterno, con fecha, edad, domicilio, padres, mujer e hijos)
El salto siguiente ya es más delicado. Por un lado, la
ramificación creciente nos llevará por lógica a antepasados no oriundos de
Jerte, quedando esas líneas de investigación para indagar en las poblaciones de
donde eran naturales. Por otra los libros del archivo parroquial
requieren una gran dedicación de tiempo, casi siempre imposible.
Afortunadamente “la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días”
los tienen microfilmados. Desafortunadamente no están disponibles desde
la web, en su página de búsqueda de familiares, los de la diócesis de
Plasencia. https://www.familysearch.org/search/
Sin embargo, los de la diócesis de Ávila, de donde procedía
un aparte considerable de nuevos jerteños, sí se pueden consultar. También
encontrarás libros de casados y de difuntos de diferentes fechas.
Esta es una captura
de la página de búsqueda. Puedes ver también los catálogos de microfilmes, por
ejemplo. La lástima es que los placentinos no están on-line. Hay que contactar
con ellos. O bichearlos en la sede de los Mormones en Almendralejo.
Y la página de FamilySearch evoluciona y cambia. Pero te ayuda en tu búsqueda.
Nos hemos remontado algunos siglos atrás. Pero tenemos
varios problemas añadidos.
El primero se da por la repetición de nombres y apellidos
dentro de las mismas familias. Y mucho más en poblaciones muy pequeñas,
como son las abulenses. Incluso entre aquellas familias que ya se han separado
hace varias generaciones, perduran los nombres familiares que al tener
apellidos comunes se confunden fácilmente. En muchas ocasiones lo solucionan
con un añadido “mayor”, “menor” (por la edad); de abajo, de arriba, de la plaza
… (por el domicilio de su casa); de Juan, de Luis, de Francisco… (por el nombre
de su padre); del Cerro, de Hervás, de Talaván… (por el pueblo de procedencia).
O añadiendo el oficio… “merinero”, “herrero”, “tejedor”, “sastre”… En otras
pocas ocasiones prefieren colocar los dos apellidos cuando las líneas
familiares tienen peso ambas: García de Cepeda, Muñoz Carrón, Cepeda Beato, Montero
Susaño, Gallego Zancudo… Esto en principio identifica ramales familiares que se
quiere diferenciar.
El segundo problema es peliagudo. Lo más frecuente en el
siglo XVII, en torno a 1600 y siguientes, es que el varón toma el apellido
paterno, y la mujer el apellido de su madre, muchas veces feminizándole:
Lopa, Gallega, Garrida… Y claro, te obliga a tener presente esto. Hermanos que
tienen apellidos diferentes al heredarlos cada uno de un progenitor dependiendo
de su género. Pero puede ocurrir que uno de los apellidos sea tan singular o
importante que incluso el varón lo asocia al del padre. Por ejemplo, Merino de
Vargas. Tanto el hijo Diego, como la hija María, ambos se identifican como
Merino de Vargas, de esa manera la mayor parte de su descendencia en Jerte, y
especialmente en Cabezuela, mantienen ese apellido compuesto. En Jerte se llega
extinguir “de Vargas” con el paso de varias generaciones. Y conforme avanza el
siglo XVIII se entremezclan las dos opciones. A veces se anota el apellido del
padre para todos los hijos, pero en los documentos populares, no religiosos, o
en anotaciones más personales se sigue manteniendo la tradición. Apellido
paterno para el hijo, materno para la hija.
El tercero afecta al estado de los libros del archivo.
Letra ilegible, manchas de agua y deterioro de muchos tipos hacen que algunos
registros sean ilegibles. Eso da lugar a lagunas, por lo que se hace
imprescindible establecer las máximas relaciones de parentescos a través de
cruzar los datos obtenidos en fuentes diferentes. Primeramente, de los libros
parroquiales: bautizos, casados y difuntos. Y, cuando
es posible, con otros documentos históricos: censos, memorias, ventas,
listados…
Por último, las fechas. Cuando llegamos a los años anteriores
a 1600 ya estamos en arenas movedizas, y sólo la aparición de algún dato
concreto en esos escasos documentos históricos nos aporta una filiación adecuada.
Pero suele ser sobre apellidos singulares o que tienen unas marcas
diferenciadoras. Los apellidos comunes se repiten hasta la saciedad, de ahí la
necesidad de poner marcas que les diferenciaran que al final se convierten en
apellidos. Tenemos que saber que en esa época no hay registro de libros
parroquiales en nuestro pueblo. Y en parroquias de ciudades se habían empezado
a anotar en fechas muy recientes.
Cuando fui confeccionando el árbol genealógico de mis hijos,
incluyendo de esa manera a la familia de Carmen, mi mujer, y la mía, tuve la
suerte de contar con un programa que entonces tenían disponible los mormones. Es
una base de datos, (en este caso se guardan archivos PAF), que te facilita la
introducción de cada persona. Al cruzar datos de cada uno se solapan y puedes
encontrar antepasados comunes por una o varias líneas. Incluso si tienes
algunos repetidos. También te generan los árboles genealógicos en cascada. En
cada página desde una persona se sitúan los padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos.
Cada uno con nombre, apellidos, fechas y lugar de nacimiento, casamiento y
defunción. Con un golpe de vista dispones de los datos de 31 personas. Las
anotaciones las puedes poner tú, porque hay apartados en cada entrada de base
para añadir infinidad de cosas, desde copia del documento donde se ha
encontrado hasta un apartado para observaciones personales.
Actualmente los programas no soportan el formato
anterior. En cambio se puede hacer sobre la web de Family Research. La ventaja
o pega, según se mire, es que queda en poder de ellos tus aportaciones, no
quedando claro el beneficio para otras personas que accedan, ya que muchas de
las consultas al final son de pago.
Aquí puedes ver cómo arranca el árbol genealógico, listo
para introducir datos.
Ya conoces el mecanismo que he seguido yo para confeccionar mi árbol. La línea más lejana que he conseguido llega a antepasados que nacerían alrededor de 1470. Salvo error, omisión o interferencia de algún tipo (faldas o pantalones). No se trata de ser exhaustivo, sino de curiosear, indagar y, en este camino, acercarte un poco a la historia cotidiana, a la vida de la gente corriente en nuestro entorno a lo largo de siglos. Lo que comento en el inicio del blog, atisbar el pasado a través de una ventana (o un ventanuco).

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